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Glasgow: ¿en busca del tiempo perdido?

  • Glasgow: ¿en busca del tiempo perdido? Foto: Cortesía IMCC


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03 min 00 seg
Por Luis Manuel "El Químico" Guerra/Colaborador invitado
Terminó la conferencia de los gobiernos del mundo sobre el clima en Glasgow con el sentimiento prevalente de que no se logró salvar al planeta de la catástrofe inminente. Voces estridentes de grupos mediáticos culparon a los líderes del mundo por no estar a la altura de las circunstancias y por anteponer el egoísmo de los propios intereses al bienestar común planetario. Se condenó a empresas globales por seguir buscando utilidades en vez de procurar el bienestar de los ecosistemas.

Sin embargo, los humanos podemos sentirnos orgullosos de lo que Glasgow produjo y su significado para nuestro futuro común que compartimos con la Madre Tierra:

La voluntad expresada y plasmada en una serie de compromisos presupuestados y calendarizados habla bien de nuestra capacidad de enfrentar y resolver conjuntamente problemas que parecían insalvables antes de la conferencia.

Es una condición humana el desear y esperar soluciones mágicas, instantáneas a problemas complejos del devenir de las sociedades: la pobreza persistente, la migración, la violencia, la deforestación, la pérdida de la biodiversidad y el calentamiento global. Debido a que los horizontes de tiempo del ser humano se miden en alcances de una vida promedio, deseamos ver concretados los cambios que consideramos esenciales precisamente en el lapso de esos horizontes. Pero si analizamos los grandes cambios que ha hecho la humanidad a lo largo de la historia, veremos que muchas veces estos cambios van más allá de los pocos lustros o décadas que esperan las mayorías para que sucedan. Y esto tiene su explicación lógica emanada de las realidades sociales y culturales de los pueblos: queremos que sucedan los cambios sin que nos afecten en lo personal. Cuando cambios de fondo suceden más rápido que lo que la sociedad en su conjunto quiere, sobrevienen regresiones dolorosas que provocan el efecto contrario de los que originalmente se deseó con el cambio.

Por eso Glasgow es un éxito para la humanidad. Se logró el consenso nada fácil de una gran mayoría de los países del mundo en cuanto a los caminos a seguir para lograr nada más y nada menos que una reestructuración de nuestras formas de relacionarnos con la Naturaleza.

Te comento lo que se logró y que en sí es un portento en negociación y en conseguir lo realmente posible, no lo románticamente deseable. Y es que lo románticamente deseable es muy bonito y a todos nos gusta, pero no se traduce en una realidad, sino que se convierte en frustración y desesperanza.

Se logró del Acuerdo sobre Agricultura sustentable: 45 países se comprometieron a fomentar reformas alimentarias e innovación en el campo como medidas urgentes para reducir emisiones y proteger a la Naturaleza (Agricultura de Conservación).

Se logró la Declaración Global para la Transición a Carbono Cero, efectivamente cancelando los subsidios para los combustibles Fósiles.

Se establecieron los compromisos para detener la Deforestación y proteger la Biodiversidad y para eliminar las emisiones de Metano a la atmósfera.

Se logró, inesperadamente, incluir en el texto final la obligación de los países ricos de que a partir de 2025 dupliquen el financiamiento a los países pobres para lograr la implementación de los acuerdos de París de 2015.

Todos quisiéramos detener el Calentamiento Global de un día para el otro. Pero lo que se logró en Glasgow, para fortuna nuestra, es un mapa de ruta realista para empezar a resolver lo que es el reto más grande que ha enfrentado la humanidad.
Hora de publicación: 18:23 hrs.


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