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(No) volver a clases presenciales



¡EUREKA! / Nadia Mireles
en MURAL

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3 min


La pandemia afectó al 90 por ciento de las y los estudiantes en el mundo.

Escuelas y docentes enfrentaron uno de los mayores retos educativos en la historia. Existen ya muchos análisis sobre los efectos de la pandemia en la educación. A grandes rasgos, se concluye que el aprendizaje que se vio menos afectado fue el del grupo minoritario con acceso a Internet y aparatos tecnológicos (celulares, tabletas o laptops, en el mejor de los casos).

Por otro lado, la brecha de la desigualdad impactó aún más a un amplísimo grupo de la población que no contaba con los recursos necesarios, por lo que vio menguado su desempeño académico.

Esto ha resultado en un rezago educativo de miles de niñas y niños que tomará años revertir y resolver.

Afortunadamente, no todas las experiencias de la pandemia fueron negativas.

Algunos impactos positivos son, precisamente, el incremento en la atención y mayor apreciación hacia los sistemas de aprendizaje a distancia y al uso de la tecnología para apoyar los procesos educativos (¡finalmente!).

Se observó que la tecnología permite un aprendizaje más personalizado y completo, pero se puso en evidencia que la figura de las y los profesores sigue siendo necesaria en muchos otros roles distintos al de transmisores de conocimiento.

Aprendimos también que la presencialidad trae consigo enormes beneficios en la creación de comunidades y en la salud física y mental.

Si la situación de salud continúa favorablemente, en poco tiempo miles de estudiantes volverán a sus escuelas y retomarán sus clases.

Un escenario no favorable para la educación sería regresar al statu quo previo al distanciamiento físico.

Es decir, se debe trabajar para no volver a las clases presenciales de la misma manera que se hacía previo a la pandemia.

¿A qué me refiero? La educación a distancia existe desde hace siglos. Más concretamente, la educación en línea (o e-learning) se fortaleció a partir de la aparición del internet, hace ya décadas.

En mi caso, estudié una maestría a distancia hace 15 años. Fue, en general, una experiencia gratificante que me enseñó técnicas de aprendizaje que aplico hasta el día de hoy.

Desafortunadamente, la pandemia no permitió vivir una experiencia positiva de educación en línea y dejó un mal sabor de boca entre muchos estudiantes, docentes, madres y padres de familia; lo anterior debido a que, en la mayoría de los casos, el aula física se trasladó literalmente a un entorno virtual y careció de la transformación de fondo requerida.

Las primeras universidades se establecieron hace más de nueve siglos. Debemos cuestionar: ¿por qué querríamos seguir replicando íntegramente un método tradicional que supera los 900 años, cuando hoy en día es posible incorporar muchas otras estrategias? Las instituciones de educación no pueden quedarse al margen de la transformación digital.

La pandemia abre una oportunidad real para implementar soluciones educativas masivas, creativas e innovadoras y ampliar las oportunidades de aprendizaje para las y los estudiantes.

Esperemos, pues, que al volver a las aulas, sea con una renovada visión híbrida que perdure.

 
 
@nadia_mireles
 
 
 
 


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