OPINIÓN

¡Felicidades, Saltillo!

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES / Catón EN MURAL

3 MIN 30 SEG

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Saltillo, ciudad bendecida y bendecidora, cumple hoy 445 años de edad. La fundaron hombres de la Europa. Venían del desierto y se toparon con un hermoso valle rodeado de montañas cuyo azul se confundía con el del cielo. Había en ese oasis, entre otros muchos manantiales, un salto de agua pequeñito. De ahí el nombre: Saltillo. Etimología de a 2 por 5, es cierto, pero no hay otra más cierta ni mejor. Aquí plantaron su estandarte aquellos audaces aventureros, y aquí se quedaron ya a vivir: el que a Saltillo llega en Saltillo se queda. Eso sucedió el 25 de julio de 1577, día del Apóstol Santiago y año del Señor. Después, en 1591, llegaron nuestros segundos padres fundadores: los tlaxcaltecas. Ellos nos trajeron los ricos dones que son ahora símbolo de la ciudad: el sarape saltillero, al cual el arco iris viene a visitar de tiempo en tiempo para no olvidarse de lo que son colores; el perón y el membrillo, frutos emblemáticos que las manos y la sabiduría de nuestras mujeres convierten en dulcísima gala de cocina; el inefable pan de pulque; las antiguas danzas de los matachines. ("Danza, danzante, con el corazón, / que cada paso tuyo es oración"). Saltillo, entonces, igual que la Suave Patria que cantó el poeta, tiene mirada de mestiza. Yo le he dicho mi amor en mil distintas formas, todas ellas hiperbólicas, lo reconozco. Pero amor que no es hiperbólico no es cabal amor. Narré, por ejemplo, la historia de los que estaban en el Cielo amarrados con fuertes cuerdas a los muros. Alguien le preguntó a San Pedro por qué estaban así atados. Explicó el portero celestial: "Es que ésos son de Saltillo, y si los soltamos se nos devuelven para allá". Saludo este día, pues, a mis paisanos. Felicito al presidente municipal de la ciudad, el ingeniero José María Fraustro Siller. Desde hace muchos años he tenido el privilegio de su amistad. Lo respeto como excelente alcalde que es; lo aprecio como amigo generoso y comprensivo; lo reconozco como eficiente funcionario que ha hecho mucho bien a Saltillo y a Coahuila, de cuya Universidad fue gran rector. Y a mi ciudad le doy un gran abrazo con los brazos del corazón y el alma. Aquí nacieron mis padres, mis hijos y mis nietos; aquí vio la luz primera María de la Luz, mi luz; aquí vine yo al mundo, y espero descansar aquí cuando llegue al final de este camino, principio de otro que no conozco, pero sé que existe. Que viva Saltillo. Y a los saltillenses les pido que cuidemos a nuestra ciudad. Ella ha cuidado siempre de nosotros... Con motivo de haberse celebrado el Día del Perro conté ayer chistes de perros. Uno se me quedó en el tintero. Sucede que cierto señor llegó a un rancho en su camioneta, flamantísima, de lujo. Un perro se acercó a ella y se meó en una de las llantas. Luego pasó a otra y la meó en la misma forma ante la mirada de enojo del dueño del vehículo. Lo mismo hizo el fementido can con las otras dos llantas: igualmente las meó. Le dijo el señor con rencoroso acento: "Perro meón hijo de la chingada, ¿no quieres que te baje también la de refacción?"... (Increíblemente, la Real Academia de la Lengua Española mantuvo durante muchos años en su diccionario una definición de la palabra "perro" que más o menos decía así: "Perro: animal de formas, tamaños y pelajes diferentes, pero siempre con las patas delanteras más largas que las traseras, una de las cuales levanta para mear". Como dice la gente del Potrero cuando algo la asombra: "¡Haiga cosas!")... FIN.